Pero si aún insistimos en poner cosas tan caras, la solución podría estar en varias cosas: una es tratar de ganar tiempo evitando que el otro nos gane usando cartas que destruyan sus permanentes, que eviten que haga sus jugadas, que prevengan el daño, o que nos hagan ganar vida; otra, es apresurar las tierras con hechizos que las busquen, con permanentes que agreguen maná o simplemente poniendo más tierras. El problema, es que al hacer esto, deberemos sacar otras cartas que nos eran útiles, y esa carta tan cara costó más espacio del que creiamos.

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Superar la curva de maná
La curva de maná es la manera en que el deck se comporta en cuanto a generación de maná, todos podemos agregar 1, 2, casi siempre 3, la mayoría de las veces 4, a veces 5 y en pocas ocasiones más de 6. Seamos honestos, todos queremos poner cuatro copias de esa carta que vale 6 o más porque seguro ganaríamos si la podemos jugar. La regla general, es 40% tierras, 30% criaturas y 30% otras cartas... no es necesariamente cierto, pero partiremos de que aún no hemos entrado mucho en materia del tema y nos centraremos en el 40% de tierras. Si tenemos 40% de tierras (24 por deck de 60 cartas), es recomendable que evitemos dentro de lo posible no meter tantas copias de cosas tan caras. Hagamos unos cálculos, si el 40% del deck son tierras, para tener esas seis, necesitamos, en promedio, haber robado un cuarto del deck (24/4 = 6), esas son al menos 15 cartas, y si partimos de que comenzamos con 7, significa que tomó 8 turnos reunirlas. Si no podemos jugar casi nada porque muchas de nuestras cartas cuestan 6, es bastante probable que nos ganen en esos 8 turnos, un simple par de criaturas 2/2 puede matarnos en solo 5 turnos, pero ¿Acaso no es eso mucho menos de lo que todo mundo juega normalmente en ese lapso?. Y eso es el caso más ideal, la verdad es que como lo que robamos es al azar, tener 6 tierras puede llegar a pasar mucho después.

 

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